EL PRINCIPIO VIDA: HACIA UNA BIOLOGÍA FILOSÓFICA.

Hans Jonas, cuyas publicaciones sobre antropología filosófica han dado en las últimas décadas un impulso fundamental a la discusión ideológica internacional, desarrolla en El principio vida una concepción del mundo orgánico que intenta superar la división entre lo intelectual y lo material (espíritu y materia), que desde Descartes es la base de las ciencias y la filosofía. Se esfuerza así en superar tanto los límites antropocéntricos de la filosofía idealista y existencialista como los límites materialistas de la ciencia natural.

La descripción e interpretación filosóficas de las facultades y funciones orgánicas demuestra que «lo orgánico» preconfigura ya en sus formas más elementales «lo espiritual», y que el espíritu, aun en sus más elevadas expresiones, continúa siendo parte de lo orgánico. Llevado a su fórmula más escueta, este libro ofrece una interpretación ontológica de fenómenos biológicos.

La lectura filosófica del texto biológico puede recuperar la dimensión interna de la comprensión de los fenómenos orgánicos y hacer que la unidad físico-psíquica de la vida regrese al lugar central en la totalidad teórica que había perdido desde hace tiempo. El provecho para la comprensión de lo orgánico será así también un beneficio para la comprensión de lo humano.

La obra “El principio vida: hacia una biología filosófica” fue publicada en el 2.000.

Sobre el autor

Hans Jonas

Hans Jonas

Hans Jonas nació en Mönchengladbach el 10 de mayo de 1903 y falleció en Nueva York, el 5 de febrero de 1993. Fue un filósofo alemán, que es principalmente conocido por su influyente obra El principio de responsabilidad, publicada en alemán en 1979.

El trabajo de este pensador se centra en los problemas éticos y sociales creados por la tecnología. Jonas introduce el «horizonte temporal» en su pensamiento ético e insiste en que la supervivencia humana depende de nuestros esfuerzos para cuidar nuestro planeta y a las generaciones futuras.
Inspirado en el imperativo ético de Kant, formuló un nuevo y actualizado principio de conducta o de actuación: «Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la tierra».
Estudió filosofía y teología en Friburgo, Berlín y Heidelberg y finalmente se doctoró en Marburg (con una tesis sobre San Agustín), donde estudió bajo la orientación de Martin Heidegger y Rudolf Bultmann. Ahí conoció a Hannah Arendt que también se estaba doctorando, comenzando una amistad que duraría el resto de sus vidas.

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